críticas


una geometría
de la composición
andrés fisher


pedro núñez:
espacios imaginarios
carolina abell


manualidades digitales
y laberintos de sentido
benito del pliego


re-tratos
eduardo scala.
abril 2003


una geometría de la composición
andrés fisher
 

Hacia mitad de los noventa Pedro Núñez, urbano desde su nacimiento en Santiago de Chile en 1958 y su vida en Madrid a partir de 1987, comenzaba a producir unos pequeños dibujos geométricos que guardaban una relación con elementos del arte de pueblos primitivos.
Esto nos lleva al territorio del arquetipo, pues resulta muy interesante como una mano contemporánea, habitante de la metrópoli, podía reproducir, sin buscarlo premeditadamente, formas existentes milenios atrás. El arte abstracto o geométrico, dice Pablo Palazuelo, es el de los pueblos arcaicos que se hallan en una relación más profunda con la naturaleza.
Asimismo, las iconografías y sistemas de signos de culturas posteriores llevan consigo conocimiento y sabiduría tanto como las formas geométricas, que son portadoras de dinamismos o energías con poder de expansión. Estos sistemas iconográficos son parte de la materia de la que se nutre Núñez en el comienzo del desarrollo de la obra que hoy se presenta.
Los mandalas, el arte islámico de Granada o los signos del I Ching entre otros, y el trabajo minucioso y metodológico que el artista hace sobre ellos, aportan a la obra energía y capacidad de expansión que llega a la conciencia, pues no es exagerado decir que la contemplación de algunas series puede tener incluso, una carga psicoactiva.
La serie, o más aun, la constitución de un sistema, es otro de los elementos fundamentales sobre los que se genera al obra. Así, Núñez hace un uso metódico de la cuadrícula e incluso desarrolla sus propios patrones sobre los cuales produce series o familias de formas, cada cual con su devenir particular pero emparentadas al todo tanto por la intuición como por el método.
Esto otorga a la obra una connotación lexicográfica. También, siguiendo los pasos del arte contemporáneo en su trayecto por el siglo XX, la hace consciente de sí misma, tal como el poema de Haroldo de Campos:

mensurado geómetra / el poema se piensa / como un círculo / se piensa en su centro.

Lo que en un principio fué un trabajo producido por la mano, que posteriormente se trasladaba al soporte reprográfico, informático o incluso serigráfico para tomar su forma definitiva, ha ido tomando con el tiempo una mayor relación con el soporte computacional como forma de origen, sin que esto signifique el abandono del trazo producido por la mano y su posterior integración al proceso informático como materia prima de algunas series.

Todo esto constituye una geometría de la composición. Los elementos geométricos ordenados y estructurados por una lógica que surge de su propia construcción, son especialmente ricos en elementos connotativos que nos pueden llevar desde lo estático y lo constructivo hasta lo que expresa Eliade en relación a que en el siglo de la muerte ce Dios, la experiencia de lo sagrado sigue latiendo en el arte contemporáneo de la mano de una sacralidad sin dioses ni sus íconos

andrés fisher*

Andrés Fisher nació en 1963 en Washington D.C. y es chileno. desde 1990 vive en Madrid donde en 1997 se doctora en Sociología con una tesis crítica frente a la prohibición de las drogas, publicada en formato electrónico en 2001. En poesía ha publicado "Composiciones, Escenas y Estructuras" (1997) y "Hielo" (2000), por el que obtuvo el premio Gabriel Celaya.

inicio


pedro núñez:espacios imaginarios
carolina abell
 

Toda obra es, en primer lugar, configuración de líneas que se hacen formas y, cuando es necesario, ellas reciben al color. Así, debe ser juzgada toda creación artística, dejando de lado el mundo apariencial, permitiendo que el observador sea blanco, es decir, ausencia de imagen, para que pueda proceder como el artista sobre el papel a navegar entremedio de las ilusiones verdaderas. En este sentido, el trabajo de Pedro Núñez posee todas las condiciones anteriores. Es una obra libre, autónoma y personal. Carece de influencias directas y emerge de una concepción limpia y justa en el uso de los medios expresivos. Utiliza el oficio sin caer en el artificio. Es pura gráfica contemporánea. Así, de la unión de líneas emergen formas que se conjugan con un sentido ordenador. En cada obra, existe -más que diseño (que, por supuesto, está presente, ya que es parte de la composición)-, una intencionalidad por reconstruir el mundo a través de un ámbito matemático-espiritual.
Núñez, a través de una técnica nunca vista en Chile, hace gala de una meditada creatividad. Estas obras bien podrían ser redes que atrapan, rejillas que dejan pasar, estructuras bidimensionales que se transforman en cuerpos espaciales directos. Es decir, volúmenes.
Si hay algo que caracteriza al trabajo de este chileno, avecindado en España, es su simplicidad. Núñez sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Lo plantea y lo soluciona en un solo y sereno impulso. Estas obras gráficas, con características muy racionales son lúdicas e invitan a unir los mundos de la visión aparente y retiniana con aquellos de la mirada imaginaria, fantasiosa y sutil. Así, Núñez genera formas expresivas que provocan diversos estados emocionales y, por consiguiente, espirituales.

carolina abell*
septiembre de 2002

*Profesora asociada de la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha. Miembro de AICA y ACCh. Ha escrito numerosos ensayos sobre la obra de artistas chilenos y algunos extranjeros. Además, es periodista, licenciada en Estética y obtuvo su Master en la Universidad de Navarra, España

inicio


 
obra gráfica de pedro núñez:
manualidades digitales y laberintos de sentido
benito del pliego
 

En una época saturada de imágenes es fácil perder de vista su sentido o, para decirlo de otro modo, es difícil dar con las que, sin simplificaciones ni incoherencias, se elaboran a partir de la capacidad significativa del dibujo. Quizá por abuso de su vertiente simbólica parece haber caído en desuso un aspecto que algunos de los seguidores de las vanguardias artísticas del siglo XX quisieron reivindicar: una relación lingüística entre arte y mundo, una relación a la vez arbitraria y exacta, que mediante la combinación de un numero acotado de signos sea capaz de crear un cuerpo artístico virtualmente infinito.
En buena medida, la obra gráfica de Pedro Núñez responde a ese tipo de vocación lingüística que reinvindicaron las vanguardias. Esto deja de ser sorprendente en cuanto se conocen los antecedentes de sus obras de los últimos años, que son, a su vez, producto de una larga trayectoria de trabajos en campos donde la relación entre imágenes y palabras es tan estrecha que ambas llegan a confundirse. Durante años se dedicó profesionalmente a la publicidad, y después de haberse establecido en Madrid, fue coparticipe en una ecléctica aventura que, bajo el título de Delta Nueve, dio lugar a la edición de publicaciones de poesía, impresas en serigrafía, donde los elementos gráficos y propiamente literarios se entrelazan indisociablemente. Las series de grabados, los números de la publicación periódica y los libros de poemas surgidos en colaboración con los miembros de este colectivo, resultaron ser definitorios para la sistematización del lenguaje de Pedro Núñez, cuyos dibujos fueron, a su vez un elemento clave para la identidad gráfica de Delta Nueve.

A partir de entonces, la evolución de su obra da la impresión de ser la configuración progresiva de un texto cifrado, comprensible solo en relación con el alfabeto que cada una de sus piezas engrosa y la grámatica que articula la combinación de sus elementos. Así cada obra es una especie de piedra roseta, un mensaje que encierra la clave de la que surge su sentido. Cómo los trigramas con los que se forman las figuras oraculares del I Ching, las obras de Pedro Nuñez contienen, además de un sentido exclusivo de cada una de ellas, el germen de una mutación derivada precisamente de este sentido, una mutación que las proyecta, más allá de sí, hacia nuevas creaciones. Cada forma, además de contener los rasgos de su propia identidad, es parte de un sistema gráfico con el que comparte la raíz de la que surgen y la posibilidad de su transformación en otros elementos más complejos. Los vínculos entre las imágenes recuerdan las relaciones genéticas.

Como los genes de un organismo vivo, estas obras encierran su propio ADN: el código que les permite multiplicarse y renovarse sin perder los rasgos de familia. Cada figura posee la capacidad de gestar otra imagen relacionada con ella, aunque sea independiente. Como las ramas de los árboles ( y las imágenes fractales), las piezas de Pedro Nuñez pueden llegar a ser laberintos formados por la repetición organizada de un solo signo. En este sentido estos trabajos son verdaderamente virtuales, es decir, contienen la capacidad de generar otras piezas, aunque de hecho no las hayan producido. Pero además, contienen otro tipo de virtualidad aún más inesperada: la técnica y el formato en que se presentan son susceptibles de ser modificados sin que se altere el sentido de la obra. En esto también se parecen a los textos que conservan su identidad independientemente del soporte en que se den a conocer, independientemente de que estén publicados on-line, en edición artesanal, en una colección de libros de bolsillo o citados fragmentariamente en las páginas de un periódico. Las imágenes y esculturas de Pedro Nuñez sugieren la posibilidad de ser trasvasadas de una técnica a otra. Esto no es un fenómeno casual, sino una cualidad que parece ser intrínseca.

En la mayor parte de los casos lo que el espectador contempla es ya fruto de un repetido trasiego entre el dibujo a mano alzada, la pantalla del ordenador y diversas formas de impresión o grabado. E incluso después, cuando se ha llegado a cierta fijación (digital, infográfica, serigráfica, tridimensional...), las figuras siguen conservando la posibilidad de redefinirse. No se resignan al estatismo, siguen difiriendo respecto a sí mismas, continúan como si contuvieses las instrucciones para una mutación inagotable en la que, sin embargo, no se pierde su forma ni su sentido. De hecho, estos signos parecen (son) maquetas para la construcción de esculturas monumentales o planos de un inusual proyecto arquitectónico o urbanístico. En ellas se oculta el deseo de extenderse o colonizar el mundo por completo para rehacerlo de forma nueva y autónoma, cargándolo con una lógica no por precisa menos abismal. Su capacidad de transformación y movimiento va, por tanto, mas allá de los efectos visuales que, en lo que tiene de pintura cinética, estas imágenes producen en el ojo del espectador.

Es sorprendente ver cómo las figuras se hacen complejas paso a paso, aunque finalmente esta complejidad es fruto de un marcado afán de sencillez, o sería mejor decir, del deseo de primitivismo --que en sentido literal es lo mismo que el de originalidad. Quizás uno de los rasgos mas genuinos de esta obra sea su contención. Las piezas renuncian a la utilización de la mayor parte de los recursos que la tradición de las artes plásticas ha ido amontonando para atraer la atención del espectador. En este desprendimiento la mediación de la informática en el proceso de creación de estas piezas tiene una importancia decisiva.
No porque la herramienta de trabajo sea relativamente novedosa, sino porque aun siendo imágenes tratadas o creadas con la ayuda de estos medios se alejan radicalmente del exhibicionismo que domina el imaginario digital. El ordenador aquí es un filtro que deja fuera todo aquello que no se ajusta a una gramática esencial, y por eso, potencia lo sustantivo del dibujo. Es un instrumento puesto al servicio del mismo tipo de creación que, en otra época, podría haberse llevado a cabo exclusivamente con el lápiz, el pincel o la mano. El ordenador es un medio de creación, no un fin en sí mismo; mejor, es el medio más adecuado para la elaboración de la obra que se persigue. La informática permite a Pedro Núñez un grado de depuración de la forma que la lleva más allá de las limitación impuestas por la mano del autor. Este parece estar voluntariamente oculto en un segundo plano. Su huella está pulida, matizada, transustanciada en otro tipo de huella gracias, precisamente, a la intelectualización impuesta por el uso de la herramienta informática.

La posibilidad expresiva del autor, al igual que ocurre con los que usamos las palabras como instrumento de creación, se proyecta a niveles mucho mas generales, con un potencial comunicativo más amplio y mayor capacidad para trascender los intereses individuales. Esta capacidad, este objetivo, dota a la obra de Pedro Nuñez de un eje tan atractivo y definitorio como el punto central de muchas de sus figuras: por más que en ellas se desencadene un laberinto de trazos que extravie la mirada, el centro se mantiene inmune al vértigo, generando sin girar, como un motor inmóvil.

benito del pliego*

Benito del Pliego nació en Madrid en 1970. Se licencia en Filología en 1995 y se doctora en 2002 con una tesis sobre la obra en prosa de Juan Larrea. desde 1997 vive en Estados Unidos donde actualmente es profesor de
literatura en Carolina del Norte. En poesía ha publicado "Fisiones" (1997), "Alcance de la Mano" (1999) y mantiene inédito "Indice". Con Pedro Nuñez y Andrés fisher, han desarrollado el proyecto "Delta Nueve".

inicio




re-tratos
eduardo scala. 2003

  http://cvc.cervantes.es/actcult/redtratos/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

inicio

pedro nuñez obra gráfica | bio | cuadernos | prensa | críticas | links | contacto
| de los cambios | estrenas | granadinas01 | granadinas02 | plazas | jardines | luz de praga | mandala | ny | puertas | seres | triángulo